El momento fronterizo de Cristina Temprano

Miedo a querer y a no poder sentir. A perderse de uno mismo y a no gustar a los padres de él. A que la pasión entre en declive. A gastar los minutos y que ella deje de ser epicentro para ser sólo esquina. Cristina Temprano captó ayer las realidades más escurridizas del amor y las contó en sus historias De amores y temores, en una Sala Librada que interactuó desde el primer minuto. Historias reales, y que si no lo son, lo parecen o lo pueden ser. El sentimiento del abandono. Que se marchen unos ojos verdes tan rápida e intensamente como vinieron. La mella que deja en el cuerpo de una mujer inteligente que ama como una tonta. O los amores arrítmicos. Te quiero y no me atrevo. No te digo nada. Fundemos el club de los tímidos orgullosos, de caparazón armado. Caminos que se alejan y que hacen por volver a encontrarse. Cuando tú sí, yo no. Matrimonios que fluyen de forma rápida y conservadora por la línea temporal. Anillos entregados, casas compradas, procreación lograda y hogar en funcionamiento. Hasta que llega la carta de un tercero.
Amores virtuales que mienten realidades. El feo y asocial, de verbo fácil y divertido. La chica que no puede moverse, que hace rondós y baila por diversos estados. La conexión de palabra y de intención. Dos personas disfrazadas de lo que no son. Pero que empiezan a entenderse en el cómo, por encima del qué. Edades limítrofes que nos pinchan con un tenedor en el corazón: “¿Qué quieres? ¿Estás segura? Mira que no hay vuelta atrás. Ya es hora”. Convivencias contadas en días. Contradicciones vividas y disfrutadas. La intuición de que hay que pasarlo muy bien y no esperar nada prefabricado. Estamos hechos de amores y temores. De arterias y venas. De momentos que nos deshacen en una efervescencia muy dolorosa y de momentos que nos reconstruyen. Aplausos de envolver, colaboraciones para leer cartas en voz alta y para explicar por qué se quiere a una filósofa que piensa mucho y desconfía más. Historias cercanas, contadas con la envoltura de una voz, que es tierna pero tajante, descriptiva y cirujana, campana y tuba. Música en las palabras de Cristina Temprano para oídos necesitados de bailar realidades y escalar por lo menos un sueño.
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